La base
Movilidad inteligente
El grupo reúne, contrasta y mantiene la información con la que se decide sobre un vehículo. Qué es, qué le ha pasado, qué piezas admite y qué vale hoy. Cada una de esas respuestas existe repartida entre un fabricante, un taller, una aseguradora y un registro, y ninguno de los cuatro la contrasta con los otros tres. Mantenerla reunida y al día es el trabajo, y es el que sostiene a los otros tres compromisos. Sin un dato que aguante una comprobación, la sostenibilidad, la personalización y la accesibilidad se quedan en declaraciones.
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Sostenibilidad
El grupo trabaja sobre lo que ya circula antes que sobre lo que se fabrica. La mayor parte de la huella ambiental de un vehículo se produce antes de que se matricule, de modo que alargar la vida útil del parque existente rinde más que casi cualquier otra medida disponible en el sector. Eso exige dos cosas concretas. Que un taller sepa qué pieza admite un vehículo de doce años, y que un comprador de ocasión pueda comprobar lo que le cuentan.
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Personalización
La respuesta que da el grupo depende del vehículo, de su uso y del país donde está. En un sector regulado, la normativa aplicable, la disponibilidad de piezas y el propio catálogo cambian al cruzar una frontera, y una respuesta que ignora eso es correcta en abstracto e inservible en el taller. Es también el compromiso más caro de sostener, porque obliga a mantener la información por mercado y no una sola vez.
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Accesibilidad
El grupo publica lo que aprende del sector en vez de reservarlo a quien ya está dentro. Hoy el acceso a la información del automóvil depende en buena medida de tener el contacto adecuado, y ése es el compromiso que más se enuncia en la industria y menos se cumple. Cumplirlo tiene una consecuencia incómoda y aceptada. Una parte de lo que el grupo sabe se publica gratis, y quien la lee no siempre acaba siendo cliente.